La Paz, Bolivia, 14 de mayo de 2026 (IICA) – En el altiplano boliviano, donde el agua define la vida y la producción, pequeños oasis de pastos verdes —los bofedales— sostienen a llamas, alpacas y vicuñas que, a su vez, son el sustento de cientos de familias. En un contexto de creciente variabilidad climática, una nueva etapa de trabajo busca recuperar estos ecosistemas clave y fortalecer a quienes dependen de ellos.
En los departamentos de La Paz, Oruro y Potosí, comunidades del altiplano comenzaron la implementación del proyecto Bofedal–Camélidos–Gente: Sistemas Resilientes (BCG), una iniciativa orientada a fortalecer la resiliencia climática de estos ecosistemas y de las familias dedicadas a la producción camélida, ejecutada por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) en Bolivia con financiamiento de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).
Como continuidad de los aprendizajes del programa Bofedal es Vida, esta nueva etapa busca recomponer el equilibrio entre los sistemas altoandinos y las comunidades que dependen de ellos, en un escenario atravesado por cambios en las lluvias, las temperaturas y la disponibilidad de agua.
En municipios de La Paz, Oruro y Potosí, el proyecto comenzó a tomar forma a través del trabajo conjunto con comunidades, gobiernos municipales y actores locales. Entre ellos se encuentran Achacachi, Batallas, Pucarani, Charaña, Pelechuco, Pampa Aullagas, Santiago de Andamarca, Belén de Andamarca, Turco, San Pablo de Lípez, Colcha K y San Antonio de Esmoruco.
A través de talleres de seguimiento y evaluación participativa y espacios de análisis de vulnerabilidad climática, productores comenzaron a construir su propio diagnóstico. «Los talleres permitieron que los productores identifiquen el estado de los sistemas de los que dependen y formulen metas concretas a corto y mediano plazo», explica Claudio Velasco, coordinador técnico del proyecto.
«Esta información —añade— es clave para que la implementación sea pertinente y responda a los intereses de quienes habitan el territorio».
Ciencia y conocimiento local en terreno
Los bofedales (humedales en el altiplano) cumplen un rol clave en los ecosistemas altoandinos: funcionan como reservorios naturales de agua, regulan el ciclo hídrico y sostienen biodiversidad adaptada a condiciones extremas. Para las familias del altiplano, además, son la base de la producción, ya que proveen el forraje necesario para la crianza de camélidos, principal fuente de alimento e ingresos en estas regiones.
El proyecto se apoya en el enfoque de «laboratorios vivos», donde el conocimiento científico se combina con saberes locales y experiencia productiva. En estos espacios, las prácticas se prueban en condiciones reales, generando aprendizajes que pueden ser utilizados en otros territorios.
«Al trabajar en contextos reales, los aprendizajes tienen un alto potencial de réplica —señala Velasco—. Se combinan innovación tecnológica, investigación aplicada y acción colectiva para enfrentar problemas concretos».
En paralelo, el proyecto avanza con estudios técnicos sobre carbono en bofedales, disponibilidad de agua, biodiversidad y productividad de pastizales.
Comunarios recogiendo pastos para realizar cálculos de consumo de alimento de camélidos. Comunidad de Collpani, Potosí, Bolivia.
Prácticas y resultados
En la comunidad fronteriza de Río Chilenas las familias comenzaron a aplicar nuevas prácticas para recuperar estos ecosistemas.
«Si el proyecto no hubiera llegado, nada habría cambiado», cuenta Idonia Gutiérrez, comunaria de Río Chilenas. «Aprendimos a trasplantar plantas para recuperar los bofedales, a sembrar nuevos pastos y a cuidar la salud de nuestras llamas. Algunas semillas ya han crecido, y eso nos anima a seguir».
También en el sur, en Quetena Chico, municipio de San Pablo de Lípez, las condiciones climáticas siguen siendo exigentes, pero también impulsan procesos de adaptación.
«Antes no conocía el uso del nivel en A», dice Delia Berna, comunaria de Quetena Chico. «Ahora sé cómo utilizarlo para captar agua y mejorar nuestros bofedales. Si logramos producir más alimento, podremos cuidar mejor a nuestras llamas», afirmó.
Estas experiencias reflejan el objetivo del proyecto: reducir la vulnerabilidad climática mediante prácticas sostenibles, fortalecimiento de capacidades y una mejor gestión de los recursos.
Para ello, se trabaja en cinco líneas: caracterizar los sistemas BCG, validar prácticas innovadoras, fortalecer capacidades locales, mejorar marcos institucionales y promover la articulación entre distintos niveles de gobierno.
De manera central al trabajo en estas cinco líneas, el proyecto promueve la participación de mujeres, hombres y jóvenes en los procesos de toma de decisiones y gestión del conocimiento.
Lo que ocurre en estos territorios no es una intervención aislada, sino la construcción de un enfoque que busca posicionar a los sistemas bofedal–camélidos–gente como base de la seguridad hídrica y la sostenibilidad productiva en Bolivia.
En un paisaje donde cada gota de agua cuenta, recuperar un bofedal no es solo restaurar un ecosistema: es sostener la vida.
Taller teórico sobre cálculo de consumo de alimentos y calendario productivo. Comunidad Soniquera, Potosí, Bolivia.
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