Por Hernán Chiriboga, representante del IICA en Chile.-
Cada 9 de septiembre, el Día Mundial de la Agricultura nos invita no solo a reconocer a quienes producen los alimentos que llegan diariamente a nuestras mesas, sino también a preguntarnos qué agricultura queremos construir para las próximas generaciones.
Desde el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) y desde Chile tenemos una convicción: los grandes desafíos que enfrenta hoy el agro no pueden resolverse de manera individual. Cambio climático, disponibilidad de agua, degradación de los suelos, seguridad alimentaria, incorporación de nuevas tecnologías, relevo generacional, competitividad e inserción en los mercados requieren cooperación, conocimiento y, sobre todo, alianzas.
Eso es precisamente lo que hemos buscado impulsar en Chile durante estos años: una cooperación técnica que salga de las oficinas, llegue a los territorios y sea capaz de conectar a productores y productoras con el Estado, la academia, la empresa privada, los centros de investigación y las nuevas generaciones.

Lo vemos, por ejemplo, en Cuncumén, en la Región de Valparaíso, donde junto a la Cooperativa Agrícola Campesina Cuncumén y con financiamiento de FIA hemos desarrollado una experiencia de diversificación silvoagropecuaria en el secano costero. Allí se trabaja en recuperación de suelos, conservación y aprovechamiento del agua, diversificación productiva y agregación de valor. Pero quizás uno de sus mayores logros ha sido convertir este predio en un espacio de encuentro donde confluyen agricultores, mujeres rurales, estudiantes, universidades, servicios públicos y organizaciones vinculadas al desarrollo territorial.
La cooperación también significa preparar la agricultura para los desafíos del futuro. Por ejemplo, junto a INDAP, hemos trabajado apoyando en la modernización de su modelo de extensión tan relevante a lo largo del territorio nacional.
En materia tecnológica como instituto de cooperación, pensamos que no basta con generar tecnología: necesitamos que ella pueda ser comprendida, adaptada y utilizada por quienes producen.
En el Maule y Ñuble, por otra parte, hemos trabajado con productores arroceros, INIA, ODEPA y otros actores públicos y privados para avanzar hacia una producción de arroz que utilice el agua de manera más eficiente, reduzca emisiones y explore nuevas oportunidades vinculadas a la sostenibilidad y los mercados de carbono. Es una demostración de que enfrentar el cambio climático también puede abrir oportunidades económicas para los agricultores.
También en el sur y en el norte de Chile hemos fortalecido el trabajo agrofrutícola y el diálogo con la agroindustria y el sector exportador, particularmente en materias de inocuidad y trazabilidad. Recientemente junto al American Frozen Food Institute se generaron instancias para fortalecer las capacidades de productores y empresas de berries congelados, con el fin de abordar desafíos sanitarios que son fundamentales para proteger en los agroalimentos y los mercados.
Pero ninguna transformación será sostenible sin las personas, y por eso no puedo dejar de mencionar al equipo de profesionales que compone IICA Chile y a aquellos productores, agricultores, mujeres y jóvenes rurales deben ocupan un lugar central. Hemos trabajado durante años en formación, liderazgo, asociatividad y transferencia de conocimientos para que las nuevas generaciones puedan mirar al campo no como un lugar que deben abandonar, sino como un espacio donde pueden innovar, emprender y construir su futuro.
Chile cuenta con una institucionalidad agrícola sólida y con enormes capacidades técnicas. Nuestra tarea como organismo de cooperación es ayudar a conectar esas capacidades. Trabajamos y seguiremos trabajando junto a las diversas instituciones públicas, pero también con universidades, organizaciones de productores, cooperativas, empresas y organismos internacionales. Esa articulación permite que las experiencias exitosas puedan escalarse y que el conocimiento generado en un territorio pueda servir a otros territorios de Chile y también de las Américas.
En este Día Mundial de la Agricultura quiero, especialmente, reconocer detalladamente a quienes están detrás de ella: agricultores y agricultoras, temporeros, profesionales, técnicos, investigadores, extensionistas, emprendedores, mujeres y jóvenes rurales. Son ellos quienes hacen posible que la agricultura continúe siendo una actividad esencial para la economía, los territorios y la seguridad alimentaria.
El desafío hacia adelante es enorme. Necesitamos producir más y mejor, pero también cuidar el agua, recuperar nuestros suelos, incorporar innovación, generar oportunidades para las nuevas generaciones y fortalecer la resiliencia de nuestros territorios.
La agricultura del futuro no se construye desde una sola institución ni desde un solo sector. Se construye cooperando. Y nuestra tarea desde el IICA es precisamente esa: tender puentes para que el conocimiento, la innovación y las oportunidades lleguen hasta donde realmente se necesitan: al territorio y a quienes trabajan la tierra.