Washington D.C., 10 de abril de 2026 (IICA) – El mundo no tendrá seguridad alimentaria, energética y ambiental sin la agricultura de las Américas, indicó el Director General del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), Muhammad Ibrahim, quien fue invitado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) a exponer sobre el papel que debe cumplir el agro en una agenda para el desarrollo de la región.
Ibrahim dialogó en Washington con Pedro Martel, jefe de la División de Agricultura y Desarrollo Rural del organismo financiero multilateral, ante unos 240 asistentes, tanto presenciales como virtuales, que intervinieron con preguntas y valiosos aportes.
Martel e Ibrahim coincidieron en hacer foco en la importancia estratégica global de la agricultura de las Américas, región que es el más importante exportador neto de alimentos del mundo y es responsable del 22% de la producción global.
El directivo del BID llamó la atención acerca de que, a pesar de esos datos, el 28% de la población de la región enfrenta inseguridad alimentaria.
“En el BID hemos analizado la productividad agrícola en América Latina y el Caribe durante los últimos 60 años. Aunque esta creció de forma significativa durante este período, se desaceleró con fuerza entre 2010 y 2020, principalmente por brechas en eficiencia técnica. El gran desafío hoy es reactivar la productividad y el crecimiento, cuidando los recursos naturales”, dijo.
Tanto Martel como Ibrahim señalaron la importancia de la alianza entre el IICA, que aporta su conocimiento técnico, capacidad de articulación regional y trabajo de campo, y el BID, dueño de una enorme gama de instrumentos financieros disponibles para proyectos de desarrollo en América Latina y el Caribe.
La agenda conjunta del BID y el IICA incluye proyectos de mediano plazo orientados a reducir vulnerabilidades estructurales, en temas como infraestructura y logística alimentaria, inclusión productiva y salud animal y vegetal. Las iniciativas de largo plazo cuentan con el desarrollo de la bioeconomía como una estrategia central de la transformación productiva en los territorios rurales del continente.
“El IICA y el BID tienen una oportunidad única para profundizar su trabajo conjunto y apoyar a los países, de manera que su base productiva sea más competitiva y resiliente. La agricultura de las Américas tiene la escala, los recursos y las capacidades para liderar el futuro de los sistemas agroalimentarios globales. Pero ese liderazgo no está garantizado; dependerá de las decisiones que tomemos hoy”, sostuvo Ibrahim.
Vulnerabilidades y transformación
El Director General del IICA hizo un análisis de la situación regional frente a los shocks geopolíticos y de mercado que actualmente impactan a los sistemas agroalimentarios y señaló que no es suficiente una buena respuesta, sino que es necesaria una transformación estructural que fortalezca la resiliencia y la competitividad.
“Los sistemas agroalimentarios globales están sufriendo cada vez más frecuentemente shocks en el terreno climático, geopolítico, logístico o de mercado que muchas veces son simultáneos y están conectados. No podemos considerarlos episodios aislados; tenemos que saber que están redefiniendo las condiciones de producción, comercio y seguridad alimentaria”, afirmó.
Ibrahim advirtió que los shocks externos no afectan a todos de la misma manera, ya que eso depende de las desigualdades previamente existentes: “El impacto y las capacidades de respuestas son muy diferentes. Los que más sufren son los pequeños agricultores, y, en cuanto a los países, hay una brecha tecnológica que amplía las inequidades: aquellos más avanzados en ciencia y tecnología aplicada a la productividad y resiliencia pueden responder mucho mejor”.
“Por eso –explicó- el rol del IICA es clave para ayudar a la transferencia de conocimientos entre los países, para apoyar a los que más los necesitan. Nos hemos fijado esa meta y estamos preparados para cumplirla”.
Ibrahim también se refirió a la a la dependencia externa de insumos agropecuarios estratégicos externos como una fuente de vulnerabilidad y, en ese sentido, hizo foco en los fertilizantes y la energía.
“En países de América Latina y el Caribe –advirtió- la dependencia de la importación de fertilizantes es muy alta. Una potencia agroalimentaria global, como Brasil, importa más del 80% de sus fertilizantes. Los insumos, en general, tienen una incidencia en los costos de producción agrícola que puede llegar al 70% en los sistemas mecanizados. En consecuencia, el modelo productivo define la vulnerabilidad: a mayor dependencia de insumos estratégicos importados hay mayor exposición a shocks externos”.
El Director General del IICA consideró, de todas maneras, que la competitividad y la resiliencia no dependen de un solo factor, sino de la forma en que interactúen productividad, insumos, diversificación y logística.
“Nuestros sistemas agroalimentarios –concluyó- van a reducir sus vulnerabilidades estructurales mediante una transformación de sus fundamentos que incremente su productividad y reduzca su dependencia de insumos estratégicos externos. Eso, a su vez, se traducirá en mejores ingresos para los agricultores y mayor disponibilidad de alimentos accesibles y nutritivos para todos”.
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