San José, 11 de marzo de 2026 (IICA) – La creciente complejidad de los sistemas agroalimentarios, en un contexto geopolítico y tecnológico cambiante, exige una nueva generación de políticas públicas en América Latina y el Caribe y el reconocimiento de sus estrechos vínculos con la nutrición, la salud y la conservación de los recursos naturales.
Así lo sostiene una nueva publicación del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) y sus socios, que advierte que se requieren políticas más innovadoras, coordinadas, diferenciadas y orientadas a la provisión de bienes públicos, y sustentadas en esquemas de gobernanza multiactoral y multinivel para impulsar transformaciones sostenibles e inclusivas.
“Superar las trampas estructurales de bajo crecimiento, alta desigualdad y gobernanza ineficaz requiere una nueva generación de políticas públicas que integren sostenibilidad, inclusión y gobernanza robusta”, señala el documento, coordinado por Joaquín Arias, responsable del Observatorio de Políticas Públicas para los Sistemas Agroalimentarios (OPSAa) del IICA.
El OPSAa es una plataforma digital (https://opsaa.iica.int/es) que sirve de punto de encuentro para intercambiar conocimientos e impulsar una nueva generación de políticas públicas que fortalezcan los sistemas agroalimentarios de las Américas. Con la herramienta, el IICA busca apoyar la toma de decisiones de los formuladores de políticas y propiciar alianzas, cooperación e intercambio de experiencias entre actores y países de la región.
El documento de 60 páginas es una obra colectiva elaborada por expertos del IICA e instituciones aliadas estratégicas, y lleva por título “La transición hacia una nueva generación de políticas públicas para los sistemas agroalimentarios”.
La publicación analiza la evolución histórica del rol de la producción agropecuaria en el desarrollo económico y social, así como su transición hacia el actual concepto de sistemas agroalimentarios, que abarca un conjunto amplio de actores, actividades y procesos, desde la producción primaria hasta la transformación industrial y el consumo final.
Este cambio supone nuevos desafíos para el diseño de políticas modernas, que hoy debe incorporar, entre otros atributos, una visión de largo plazo, estar basadas en consensos, poseer equilibrio en términos de eficiencia y gestión de riesgos, incluida la creciente exposición a shocks sanitarios, climáticos y biológicos, como la propagación de plagas y enfermedades transfronterizas, y contemplar fases de experimentación, aprendizaje y adaptación.
Las instituciones que trabajaron en el documento junto al IICA son la Alianza Bioversity-CIAT -del Grupo Consultivo sobre Investigación Agrícola Internacional (CGIAR)-, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la CAF-Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, la CEPAL y el Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias (IFPRI).
Los autores son el propio Joaquín Arias, Diego Arias, Jesús Antón, Carmine Paolo De Salvo, Eugenio Diaz-Bonilla, Miguel Guzmán, Pedro Martel, Deissy Martínez, Martín Piñeiro, Valeria Piñeiro y Monica Rodrigues.
El documento examina las políticas públicas dirigidas al sector agropecuario de América Latina y el Caribe a lo largo de la historia y en los diversos países. Señala, en ese sentido, la necesidad de que las políticas públicas evolucionen hacia un abordaje más integral de los sistemas agroalimentarios, reconociendo que su creciente complejidad plantea desafíos sustantivos para el diseño, la implementación, el monitoreo y la evaluación de políticas públicas.
La publicación advierte que la interdependencia entre las etapas de producción, transformación, comercio, y consumo —y entre los múltiples actores y territorios que intervienen en ellas—, amplía los objetivos, multiplica las interacciones y exige gestionar riesgos, tensiones y compensaciones que no pueden resolverse desde enfoques sectoriales tradicionales.
Estas dinámicas, atravesadas simultáneamente por factores biofísicos —como el agua, el suelo, y la biodiversidad—, y por factores socioeconómicos, como los ingresos, el empleo y la salud nutricional, están particularmente expuestas a amenazas que no reconocen fronteras nacionales, como las plagas y enfermedades.
Se señala, además, que debe enfrentarse el deterioro de los recursos naturales mediante el fortalecimiento de la ciencia y la tecnología, así como el desarrollo de marcos regulatorios e incentivos que promuevan prácticas sostenibles.
Los autores reconocen que, aunque los avances tecnológicos redefinirán la productividad rural, la fragmentación global podría limitar la transferencia tecnológica, por lo que surge la necesidad de fortalecer la cooperación regional y los esfuerzos nacionales en materia de ciencia y tecnología e innovación.
Contexto desafiante
En un contexto global y regional de profundos cambios —marcado por tensiones geopolíticas, mayor incertidumbre en los mercados, cambios en las preferencias de los consumidores, aceleración del cambio tecnológico y crecientes presiones ambientales y sociales— el papel de la agricultura se ha ido transformando de manera significativa, aumentando su complejidad y ampliando los objetivos que se esperan del sector.
El trabajo explica que el sector agropecuario mundial incorporó tecnologías que aumentaron la productividad, lo que a su vez permitió incrementar la producción y disminuir el hambre en el mundo.
Como contrapartida –sin embargo- han surgido problemas nutricionales que se extienden rápidamente, el principal de los cuales es el aumento del sobrepeso y la obesidad. Esto ha hecho cambiar las prioridades en cuanto a la alimentación, que hoy en muchas regiones del mundo se centran en “dietas saludables”, así como en una mayor preocupación por la inocuidad de los alimentos.
La publicación desarrolla una cantidad de ejemplos de países que han llevado adelante políticas agropecuarias que han sido exitosas para promover la sostenibilidad, la innovación y la resiliencia del sector en contextos desafiantes.
Se hace hincapié, a través de esos ejemplos destacados, en que las políticas de largo plazo son esenciales para asegurar seguridad y estabilidad, así como para viabilizar las transformaciones necesarias en los sistemas agroalimentarios.
Otra de las cuestiones esenciales señaladas en el trabajo es que las políticas públicas, para ser efectivas y transformadoras, deben estar basadas en evidencia sólida y actualizada y también en consensos, para asegurar que sean inclusivas y tengan posibilidades de perdurar frente a cambios políticos.
El documento subraya además la importancia de fortalecer la gobernanza y la institucionalidad pública, ampliando la mirada más allá de los ministerios de Agricultura y articulando de manera efectiva múltiples sectores y actores.
Uno de los principales retos en el tránsito hacia una nueva generación de políticas para los sistemas agroalimentarios –dice el trabajo- es la necesidad de reorientar los instrumentos de política hacia la generación de bienes públicos, transitando desde esquemas de subsidios o apoyos tradicionales hacia incentivos basados en resultados, con impactos significativos y duraderos en el desarrollo de los sistemas agroalimentarios.
La publicación “La transición hacia una nueva generación de políticas públicas para los sistemas agroalimentarios” está disponible en: https://hdl.handle.net/11324/24212
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