Productores rurales brasileños amplían su rol en la protección del agua con pagos por servicios ambientales y restauración de cuencas.
Brasilia, 17 de junio de 2026 (IICA). En un escenario global cada vez más marcado por sequías, erosión y presión sobre las fuentes de agua, en Brasil apuestan a un aliado silencioso y muchas veces subestimado: los agricultores. A través de proyectos que combinan conservación ambiental, recuperación de microcuencas y manejo sostenible del suelo, productores rurales comenzaron a convertirse en verdaderos «guardianes» del agua, dentro de una estrategia orientada a proteger uno de los recursos más sensibles para la vida y la producción de alimentos.
Detrás de esa transformación aparece el programa brasileño Produtor de Água, una iniciativa impulsada por la Agencia Nacional de Aguas y Saneamiento Básico (ANA) con apoyo del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), que durante los últimos 25 años articuló a productores rurales, municipios y empresas de saneamiento alrededor de un objetivo común: proteger cuencas hidrográficas mediante prácticas de restauración ambiental y manejo sostenible del territorio.
Productores rurales y seguridad hídrica
El modelo combina una lógica ambiental con otra económica. A través del llamado Pago por Servicios Ambientales (PSA), productores rurales reciben incentivos financieros por preservar nacientes, recuperar vegetación nativa, reducir procesos de erosión o implementar prácticas que ayuden a conservar agua y suelo dentro de sus propiedades. La idea detrás del esquema es que quienes protegen recursos estratégicos para toda la sociedad también deben ser compensados por ese trabajo.
A lo largo de estos años, el programa ya impulsó más de 70 proyectos distribuidos en distintas regiones hidrográficas de Brasil, con inversiones superiores a los 144,4 millones de reales. Según datos oficiales, las iniciativas permitieron conservar más de 22.800 hectáreas de vegetación, recuperar otras 4.180 hectáreas degradadas y alcanzar a más de 27 millones de personas beneficiadas de manera directa. Además, más de 1.200 productores rurales recibieron pagos vinculados a servicios ambientales asociados a la protección de cuencas y recursos hídricos.
En muchas de las regiones donde funciona el programa, las transformaciones empiezan con cambios pequeños y muy concretos. Un alambrado alrededor de una naciente para evitar el ingreso del ganado. Una terraza construida en un terreno inclinado para frenar la erosión. Un camino rural rediseñado para que la lluvia no arrastre toneladas de tierra hacia los arroyos. O una «barraginha», pequeños reservorios excavados en el suelo que ayudan a infiltrar agua de lluvia y recargar lentamente las capas subterráneas de agua.
Pero el impacto del programa no se limita solamente a las obras visibles. También implica un cambio gradual en la relación entre productores rurales, municipios y usuarios urbanos del agua, en un contexto donde las sequías prolongadas y los eventos climáticos extremos comenzaron a presionar cada vez más las fuentes de abastecimiento.
Según describe la ANA en un completo reporte que se puede consultar en el reservorio de publicaciones del IICA, uno de los mayores desafíos fue construir confianza y sostenerla en el tiempo junto a las comunidades rurales involucradas en cada proyecto.
El programa impulsa cambios en la relación entre productores, municipios y usuarios del agua ante la creciente presión climática sobre las fuentes.
Microcuencas, suelo y restauración ambiental
Por ejemplo, en Capitólio, en el estado de Minas Gerais, en el sudeste de Brasil, uno de los proyectos se concentró sobre la cuenca del Córrego Ambrósio, utilizada para abastecimiento urbano. Allí, productores rurales comenzaron a implementar cercados de áreas de preservación, recuperación de vegetación nativa, construcción de pequeñas estructuras de infiltración y mejoras sobre caminos rurales para reducir erosión y sedimentación.
El objetivo era relativamente simple, aunque ambicioso: evitar que el deterioro del suelo terminara afectando la disponibilidad y calidad del agua que llega a la población.
Como ocurre en otras iniciativas del programa, los productores que adhieren voluntariamente al esquema pueden acceder a pagos por servicios ambientales asociados a las mejoras realizadas dentro de sus propiedades.
Según explica el reporte, muchas de estas acciones forman parte de las llamadas «soluciones basadas en la naturaleza», una estrategia que busca fortalecer la resiliencia de las cuencas frente a sequías, lluvias extremas y otros eventos climáticos cada vez más frecuentes en distintas regiones de Brasil.
En Minas Gerais se desarrolló otro de los casos destacados en el reporte. «El municipio de Ubá vivió eventos extremos relacionados con la cuestión hídrica. Durante la sequía, el abastecimiento público de agua se veía perjudicado y, en el período lluvioso, sufría destrucción, inundaciones y anegamientos que generaban diversos perjuicios socioeconómicos», describe el documento.
Frente a esa situación, el municipio avanzó con prácticas de conservación de agua y suelo asociadas al sistema de Pago por Servicios Ambientales. Entre los años 2018 y 2024, más de 156 productores rurales recibieron pagos vinculados a acciones de revitalización, conservación y protección ambiental sobre un área cercana a las 945 hectáreas. Además del incentivo económico, los productores participantes también accedieron a asistencia técnica orientada al desarrollo sostenible de la agricultura familiar.
Según el reporte, en varias de las propiedades intervenidas comenzó a observarse una mejora en la disponibilidad hídrica y un aumento en la cantidad de nacientes de agua activas dentro de las áreas recuperadas.
El modelo apuesta por complementar la infraestructura hídrica con acciones en el territorio rural, como la restauración de microcuencas y la protección de nacientes.
Una nueva forma de pensar el agua
Más allá de los resultados puntuales en cada municipio, el programa también refleja un cambio más amplio en la manera de pensar la gestión hídrica. Durante décadas, gran parte de las políticas vinculadas al agua estuvieron asociadas principalmente a grandes obras de infraestructura, como represas, canales o sistemas de trasvase. Este modelo brasileño apuesta, en cambio, a complementar esas herramientas con una red dispersa de intervenciones pequeñas sobre el territorio rural: recuperación de vegetación, manejo de suelos, protección de nacientes y restauración de microcuencas.
En un contexto regional cada vez más atravesado por sequías prolongadas, lluvias extremas y degradación ambiental, el reporte plantea que estas prácticas pueden funcionar como una forma de «infraestructura natural», ayudando a mejorar infiltración, reducir erosión y aumentar la resiliencia de las cuencas frente a eventos climáticos críticos. El desafío, reconocen los propios impulsores del programa, pasa ahora por ampliar la escala de las iniciativas y sostener fuentes de financiamiento de largo plazo, especialmente en regiones brasileñas con mayor estrés hídrico.
El trabajo de sistematización difundido junto al IICA también puede servir como referencia para otros países de América Latina enfrentados a problemas similares de degradación de cuencas, pérdida de suelo y presión sobre las fuentes de agua.
La experiencia brasileña también deja una conclusión menos visible, pero cada vez más relevante: la seguridad hídrica no depende solamente de grandes obras o inversiones urbanas. Muchas veces empieza mucho antes, en pequeños productores rurales que, casi silenciosamente, terminan convirtiéndose en verdaderos «guardianes» del agua.
Más información
comunicacion.institucional@iica.int
Informe: Programa Produtor de Água. Resultados e Perspectivas