Ciudad de México, 15 de junio de 2026 (IICA) – En los ranchos ganaderos de distintas regiones de México, las lluvias irregulares, las ondas de calor, las sequías y las inundaciones ya forman parte de los desafíos cotidianos de la producción bovina.
Estas condiciones afectan la disponibilidad de agua, pastos y forrajes, y también favorecen el incremento de plagas, enfermedades y parásitos, con impactos directos en la nutrición, salud y productividad del ganado.
Frente a estos desafíos, el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), en el marco del proyecto SAbERES, implementa una estrategia orientada a fomentar una ganadería sustentable y resiliente, mediante prácticas de Adaptación basada en Ecosistemas adecuadas a las condiciones climáticas locales en los estados de Chiapas, Jalisco, Michoacán y Tabasco, en el occidente y sureste del país.
Esta estrategia promueve medidas que permiten a las familias ganaderas fortalecer sus unidades de producción, recuperar el entorno natural y mejorar la disponibilidad de recursos clave para la actividad pecuaria.
Actualmente, SAbERES impulsa procesos de innovación territorial con organizaciones y familias productoras en casi 17 mil hectáreas ganaderas, fortaleciendo capacidades de casi 2 mil productores y productoras rurales.
Árboles que dan sombra, alimento y vida al potrero
Una de las medidas centrales ha sido el incremento de la cobertura arbórea en los ranchos, a través del establecimiento de cercas vivas y la conservación de árboles dispersos en los pastizales. Estas prácticas contribuyen a generar sombra, mejorar el microclima, conservar biodiversidad y ofrecer alimento para el ganado durante el estiaje, o periodo durante el cual las aguas están en su nivel más bajo. Además de sus beneficios ecológicos, contribuyen a reducir el estrés térmico del ganado, mejorar las condiciones del suelo y fortalecer la productividad de los sistemas pecuarios.
“Con la utilización de cercos vivos tenemos la reducción de costos de reposición de postes. Al conservar árboles dispersos en potreros, aseguramos la disponibilidad de alimento para el estiaje, como el guamúchil, el ciruelo, el mojote y el cascalote, entre una gran variedad de árboles. Se crea un microclima en el predio y un control biológico a través de las aves que llegan a esta zona”, explicó Leticia Vaca Cárdenas, ganadera de José María Morelos, Tomatlán, Jalisco, en el occidente de México.
Agua mejor distribuida para fortalecer la producción
Otro componente clave es la gestión eficiente del agua mediante prácticas de captación, almacenamiento y distribución, como jagüeyes, ollas de agua, sistemas de captación pluvial, techumbres y diseños que favorecen el aprovechamiento del recurso hídrico.
De acuerdo con la ganadera, estas acciones permiten asegurar el suministro de agua para el ganado y mejorar el manejo de los potreros.
“Con la captación de agua de lluvia aseguramos la disponibilidad de agua y realizamos la distribución en potreros, acercando el agua al ganado y así evitando el desgaste corporal”, señaló.
Estas medidas permiten enfrentar de mejor manera los periodos de sequía y variabilidad climática, reduciendo la vulnerabilidad de las unidades de producción.
Sistemas productivos más diversos y resilientes
La estrategia también impulsa sistemas silvopastoriles y agrosilvopastoriles para la producción bovina, concebidos como modelos integrales que fortalecen simultáneamente la productividad, la conservación de los recursos naturales y la resiliencia climática, mediante el manejo articulado de árboles, pastos, forrajes, suelo, agua y ganado. Estas prácticas favorecen la recuperación de funciones ecológicas en los ranchos, mejoran el bienestar animal y generan beneficios ambientales, productivos y económicos para las familias ganaderas.
Asimismo, el incremento de la cobertura arbórea y la eficiencia en el manejo del agua se complementan con el aprovechamiento diversificado de pastos y forrajes, la división de potreros, el uso de cercas eléctricas, el establecimiento de bancos de biomasa y proteína, así como la implementación de sistemas de pastoreo rotacional. Estas prácticas permiten optimizar el uso del forraje, favorecer la recuperación de la cobertura vegetal y mejorar la infiltración de agua en los suelos.
“Con el pastoreo rotacional en potreros y el establecimiento de bancos de proteínas, mejoramos la nutrición animal, hay un incremento en la productividad. Mejoramos la fertilidad natural del suelo con el estiércol y la orina, y lo más importante es la reducción de costos productivos. Así tenemos suelos sanos, descanso prolongado y mejoramos la biodiversidad”, agregó la productora jalisciense.
Redes territoriales de innovación para aprender y transformar
A través de redes territoriales de innovación y aprendizaje, las familias productoras participan en procesos colaborativos en los que intercambian experiencias y conocimientos, validan prácticas en campo y fortalecen capacidades para la adaptación climática.
Blanca Indira Romero Goicoechea, ganadera de la ranchería La Chuchilla, en Balancán, Tabasco, en la región sureste del país, destacó que la ganadería sustentable permite recuperar y conservar el entorno natural, mejorar los ingresos de las familias productoras y fortalecer el trabajo colectivo en los territorios.
“Somos más de 1.800 familias que estamos construyendo una ganadería sostenible, aprendiendo y colaborando en redes territoriales de innovación y aprendizaje”, afirmó.
Lo que hace relevante esta experiencia es que muestra cómo, a partir de prácticas concretas y acompañamiento técnico en territorio, las familias ganaderas pueden fortalecer sus sistemas productivos, aprovechar mejor los recursos naturales y avanzar hacia modelos más sostenibles.
La experiencia impulsada por el IICA en México demuestra que la adaptación climática en la ganadería puede construirse desde el territorio, mediante soluciones prácticas que integran conocimiento técnico, innovación local y manejo sostenible de los recursos naturales.
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