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“Necesitamos tener voz y rostro para que sepan que nosotras importamos”

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Celeste Anderson alzó su voz para abogar por el bienestar personal, familiar y comunitario de las mujeres rurales en América Latina y el Caribe.

San José, Costa Rica, 19 de octubre de 2018 (IICA). Era su primer viaje a Costa Rica, desconocía la cultura de este país, el idioma que a su alrededor se hablaba, pero sabía que, en esa sala de reuniones, sus palabras encontrarían un eco que llegaría a oídos de autoridades del agro en América Latina y el Caribe (ALC). Aunque estaba sola, representaba a los 59 millones de mujeres que viven del campo en la región y claman por que sus voces sean escuchadas.

Hablamos de Celeste Anderson, una mujer rural de Treasure Beach, Jamaica, quien alzó su voz para abogar por el bienestar personal, familiar y comunitario de estas luchadoras, en el acto de conmemoración del Día Internacional de las Mujeres Rurales organizado por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) en su Sede Central, que reunió de manera presencial y virtual a representantes del sector agrícola y agropecuario en las Américas.

“Esto es muy emotivo para mí. Vengo de una pequeña zona pesquera de Jamaica; me siento honrada y asustada. Como no conozco el idioma, por momentos siento que, aunque estoy aquí, no puedo participar de la conversación. Creo que así nos sentimos muchas veces las mujeres rurales frente al resto del mundo”, afirmó Anderson.

Esta mujer risueña, de tez morena y cabello rizado adornado por alguna canas, es la cofundadora y presidenta del Sociedad de Beneficencia del Grupo de Mujeres de Treasure Beach (TBWG, por sus siglas en inglés) una organización sin fines de lucro que busca promover el desarrollo de las mujeres habitantes de esta comunidad rural jamaiquina, que nació en un difícil momento en la vida de Celeste.

“Mientras cuidaba de mi esposo sentí la necesidad de un escape emocional. Fue entonces cuando el Cuerpo de Paz de Estados Unidos y la Oficina de Asuntos de la Mujer en Jamaica enviaron un representante para que trabajara con las mujeres de nuestra comunidad y, a partir de allí, continuamos reuniéndonos bajo un árbol a conversar. Como resultado, 18 años después, tenemos un fuerte grupo de mujeres enrumbadas a realizar labores de apoyo para el crecimiento de la comunidad”, afirmó.

Hace siete años, esta ama de casa perdió a su cónyuge, y según confesó, las atenciones que debió darle en el proceso de su convalecencia agotaron sus fuerzas y recursos, pues entregó todo lo que pudo, hasta su casa.

“De esto se trata cuidar y nutrir a una familia, pero llega el momento donde te preguntas: ¿quién soy? ¿Qué he alcanzado? Si no recibí un salario por cuidar a mi familia ni una pensión, ¿qué hago de ahora en adelante? Creo que todas las mujeres del mundo tenemos las mismas necesidades básicas: acceso a servicios de salud buenos y asequibles, y a educación de buena calidad para nosotras y para nuestros hijos”, añadió Anderson.

 

 A sus 75 años, Celeste continúa siendo una líder comunal en Jamaica, donde se ha ganado el cariño de todos.

Una cruda realidad de muchos

Esta líder comunitaria indicó que donde ella vive, la mayoría de niños y jóvenes carecen de lo necesario para estudiar, y en algunos casos ni siquiera pueden comprar sus uniformes escolares.

“Cuando pienso en la educación no puedo evitar pensar en mi condición: mis hijos recibían educación, pero yo no tenía el conocimiento necesario para ayudarlos con sus tareas. Yo, a mis 75 años, aún quisiera obtener mi diploma universitario, pero ¿qué puedo hacer si lo obtuviese? No mucho a estas alturas”, dijo la jamaiquina entre resignación y risas.

Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), en las zonas rurales las mujeres poseen mayor nivel de escolaridad que los hombres, y las hijas poseen niveles más altos que las madres. Pero la transformación generacional no ha sido suficiente para equiparar las condiciones entre hombres y mujeres.

En ALC casi un 40 % de las mujeres que viven en el campo no tiene ingresos propios y menos de un tercio de las mujeres rurales posee la titularidad de la tierra que habita.

Un estudio conjunto del IICA, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), indica que, aunque en los últimos años la tasa de participación femenina en la fuerza de trabajo y la de jefatura femenina aumentaron, tres cuartas partes de los hogares encabezados por mujeres se clasifican como inactivos o en agricultura autónoma.

Para Anderson, mayor protección legal, tenencia de tierra, acceso a servicios de salud, educación, capacitación, financiamiento, tecnología y conectividad a Internet, son parte de las necesidades básicas que permitirían a las mujeres rurales mejor su calidad de vida.

“A veces nos sentimos tan pequeñas. ¿Cómo hago para entrar en esta sala y hablar frente a todos ustedes? Es aterrador. Establecer programas de liderazgo que se conviertan en un refugio para las mujeres rurales es importante. Necesitamos tener una voz y un rostro, para hacerles saber que nosotras importamos”, puntualizó.

La Sociedad de Beneficencia del Grupo de Mujeres de Treasure Beach promueve el desarrollo de las mujeres rurales y la comunidad local mediante iniciativas educativas, proyectos que les facilite la generación de recursos económicos y concientizar sobre la salud, al punto que actualmente trabajan en el establecimiento de una clínica de salud permanente, ya que los habitantes de esta zona deben viajar alrededor de 30 minutos en automóvil para poder recibir atención médica.

“Nuestro pequeño grupo está trabajando por lograr un cambio en nuestra comunidad, en nuestro país y en el mundo”, concluyó Celeste.

 

Más información:

Gerencia de Comunicación Institucional del IICA

comunicacion.social@iica.int