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Los Catadores, una finca cafetalera que se levantó de las ruinas al éxito

catadoresSan José, 20 de diciembre, 2019 (IICA). Cuando Yolibeth Pineda visitó por primera vez la finca cafetalera que su esposo quería comprar en Marcala, a unos 150 km de Tegucigalpa, Honduras, se llevó una mala impresión.

“Me puse a llorar” –confiesa-, “estaba llena de maleza, no sabía cómo íbamos a empezar”.

Pero su esposo Iván Vázquez, un experimentado catador de café, estaba ilusionado de que podría recuperar la finca arruinada por la plaga de la roya, producida por un hongo cuyas frecuentes mutaciones son una amenaza perenne para los caficultores.

El matrimonio tenía una tienda de abarrotes y Vázquez ya había desarrollado su propia mezcla cafetera para vender, pero comprar y levantar la finca parecía una tarea mucho más complicada.

“Siempre nos hemos caracterizado por estar unidos ante un proyecto, los hemos hecho en familia. La experiencia que él tiene con el café me dio seguridad”, comentó Pineda, de 43 años.

Inicialmente Vázquez se dedicó a la recuperación del cultivo -limpiar los terrenos y sembrar el café- mientras que Pineda diseñó los senderos y desarrolló el cultivo de hierbas aromáticas.

Cuatro años después, Los Catadores, a 1.675 metros sobre el nivel del mar, se ha convertido en un referente de éxito en Centroamérica. Se trata de una finca agroturística, con su tienda de venta de café y otras bebidas, que organiza recorridos educativos y turísticos y colabora con escuelas de estudios superiores de agronomía y turismo.

Es una empresa familiar con seis empleados que actualmente produce unos 100 kilogramos por manzana (0,7 hectáreas) y vende cerca de 226,8 kg mensuales en exportaciones de microlotes a Estados Unidos, Europa, Japón y Taiwán.

Además, el matrimonio tiene su propia marca de café, Exótico, que vende en la finca en grano e infusiones.

Para reacondicionar Los Catadores recibieron ayuda del Programa Centroamericano de Gestión Integral del Manejo de la Roya del Café (PROCAGICA), financiado por la Unión Europea y ejecutado por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA).

Está dirigido a la caficultura de pequeña escala de Centroamérica y República Dominicana.

“PROCAGICA nos ayuda con implementos de abono, herramientas y capacitaciones; y como estamos en la zona alta, se instaló una estación telemétrica para el sistema de alerta temprana de la roya”, contó Pineda.

De acuerdo con Harold Gamboa, coordinador general del programa, una de las mayores contribuciones que PROCAGICA busca es promover e implementar procesos de transformación productiva e innovación tecnológica para mejorar la rentabilidad y la sostenibilidad de la caficultura, en el contexto actual de cambio y variabilidad climática.

Superación en medio de crisis

El éxito de Los Catadores es una proeza en momentos en que muchos caficultores abandonan un cultivo que parece cada vez menos rentable. Al azote de la plaga de la roya en Centroamérica, que devastó plantaciones en 2012 y2013, y luego en 2016, le ha seguido el desplome de los precios del grano en el mercado mundial.

Quienes se mantienen fieles a un cultivo de tradición familiar se han visto obligados a cambiar las técnicas aprendidas de sus mayores.

“No se puede seguir trabajando con variedades vulnerables a roya o de baja producción, con sistemas productivos de bajo impacto, sin un plan de manejo individual y sin asociatividad”, advirtió Erick Quirós, del IICA.

“Se debe tener un plan de manejo del cultivo y ver la finca como una empresa, con una estrategia que asegure la permanente innovación y la renovación parcial y gradual de las plantaciones, mediante poda, nutrición y recambio con nuevas variedades”, añadió.

En Los Catadores, Vázquez y Pineda apostaron por algunas variedades que ya existían en la finca cuando la adquirieron y que demostraron tener mayor resistencia a la roya, como geisha, pacas y catuí. Pero también aplicaron técnicas de análisis de suelo y croma, detectaron deficiencias y renovaron de manera escalonada las plantas.

Sobre todo, el matrimonio apostó por la diversificación y el aprovechamiento de los subproductos del café. En su tienda venden infusiones de la hoja y la pulpa, licor de café, licor de la pulpa, vinos artesanales y frutas deshidratadas que cultivan en su propia finca.

“Es una gran solución que buscamos después de la roya, aprovechar todo lo necesario para solucionar ese problema”, explicó Pineda. “Buscamos crear la finca con rumbo turístico y demostrar a nuestras visitas cómo desarrollar un perfil diferente en el cultivo del café”.

Actualmente, los dos hijos de Vázquez y Pineda, de 12 y 14 años, se entrenan como catadores. La hija mayor tiene una parcela en la finca y aspira a vender en el futuro su propia marca de café.

“Lo que hemos logrado ha sido por ponerle pasión”, aseguró Pineda. “Ahora apostamos por el relevo generacional”.

 

Más información:

Harold Gamboa, Coordinador del PROCAGICA

harold.gamboa@iica.int